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29-07-2010

ESTA ETIQUETA INTELIGENTE SIGUE TODOS SUS PASOS

Sirven para alertar de robos en los tiendas, para controlar las mercancías de un almacén o para pagar de forma automática en un peaje.  Son las etiquetas inteligentes, peuqeños chips adheridos a todo tipo de objetos que funcionan mediante radiofrecuencias: desde bolsos hasta pasaportes, pasando por medicamentos o entradas para el fútbol.

Estos artilugios funcionan mediante tecnología RFID (etiquetas de identificación por radiofrecuencia) y son cada vez más frecuentes en la vida cotidiana.  Llevan incorporada una microemisora de radio que en la mayoría de los casos pasa inadvertida.  Los consumidores pueden llevarla conectada sin enterarse de que van dejando un rastro sobre sus gustos y comportamientos.

Son un perfecto chivato.  Aunque hay que distinguir, el menos, entre dos tipos de tags o etiquetas: las pasivas, que emiten señales solo cuando entran en el campo de acción de un lector, y las activas.  El campo de alcance de las primeras varía, dependiendo de muchos factores, entre unos pocos milímetros y lo siete metros.  Las activas, por su parte, emiten señales todo el día (igual que un teléfono móvil, por ejemplo) y son muchos más caras y menos frecuentes.  Se encuentran, por ejemplo, en los peajes automáticos de las autopistas.  Se trata de etiquetas inteligentes que almacenan información en un chip de minúsculo tamaño.  Un lector permite identificar, a distancia, cualquier producto.

La UE, de hecho, pidió a finales de 2009 a tres entidades europeas de normalización (Celenec, CEN y ETSI) un estudio sobre la posible regularización para proteger al consumidor final.  Actualmente uan comisión estudia la creación de un logo que identifique la tecnología RFID y se está debatiendo el establecimiento de niveles de intrusión en la privacidad.

Pero los riesgos están ahí.  La Agencia Española de Protección de Datos, especialmente alerta a cualquier posibles vulneración de la privacidad, ha lanzado la voz de alarma.

Para Protección de Datos, el principal ataque que puede sufrir la privacidad del usuario es el intento de lectura de la información personal y privada almacenada en estos dispositivos.  Y pone como ejemplo las pegatinas adheridas a la ropa:  "Pueden ofrecer información capaz de elaborar un perfil con los gustos o aficiones de una persona a partir de sus compras".

Existen interminables debetes entre defensores y detractores.  Fuentes de la industria descartan que la distancia de lectura de las tarjetas pueda suponer un factor de riesgo, mientras que la percepción generalizada se inclina porque "pueden ser leídas a distinmtas distancias y eso puede suponer un problema".

La gran cuestión, según la abogada Llaneza es "qué información va incluida en la etiqueta RFID".  ¿Datos personales, información sobre los hábitos de consumo y estilo de vida pero sin nombre ni apellidos?. Los expertos exigen que se asegure la codificación de la información, que se asegure la codificación de la información, que se asegure que las redes de comunicación estén totalmente protegidas para evitar el pirateo y que las etiquetas no identifiquen el usuario final.

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